Fuente: El Economista
Noruega y Estados Unidos protagonizan una pugna cada vez más estrecha por el liderazgo en el suministro de gas a la Unión Europea, en un mercado profundamente transformado tras el desplome de las importaciones rusas y el giro estratégico hacia el gas natural licuado. Los últimos datos del informe trimestral sobre los mercados europeos de gas correspondientes al segundo trimestre de 2025, publicado por la Comisión Europea, muestran un reparto del suministro prácticamente equilibrado entre ambos países, con implicaciones económicas, geopolíticas e industriales de largo alcance.
Durante el segundo trimestre del año, la UE importó en torno a 75.000 millones de metros cúbicos de gas. Noruega conservó por un estrecho margen su posición como primer proveedor, con aproximadamente 22 bcm, lo que equivale al 30% del total. Muy cerca se situó Estados Unidos, que alcanzó cerca de 20 bcm y elevó su cuota hasta el 27%, apoyado casi exclusivamente en el suministro de gas natural licuado. La distancia entre ambos se ha reducido de forma notable en comparación con ejercicios anteriores, reflejando la aceleración del papel estadounidense en el mercado energético europeo.
El liderazgo noruego descansa en la solidez de su red de gasoductos hacia el continente y en la estabilidad de sus flujos, que representaron más de la mitad de todas las importaciones europeas por esta vía. En un contexto de desaparición del tránsito ruso por Ucrania y de menor aportación desde el norte de África, el gas noruego sigue actuando como pilar estructural del sistema gasista europeo, con una presencia menos expuesta a la volatilidad de los mercados internacionales.
Estados Unidos, por su parte, se ha consolidado como el gran actor del mercado de GNL en Europa. En el segundo trimestre suministró cerca del 58% de todo el gas licuado importado por la UE, una proporción sin precedentes que le permite competir de tú a tú con Noruega en el conjunto del suministro. El aumento de las exportaciones estadounidenses ha sido clave para compensar el retroceso del gas ruso y para sostener los niveles de almacenamiento europeos en un entorno de menor demanda estructural.
El pulso entre ambos proveedores se produce, además, en un momento de profunda reconfiguración del mix de importaciones. El GNL ya representa el 46% del gas que entra en la UE, frente al 54% que llega por gasoducto, una relación impensable antes de la crisis energética de 2022. Esta tendencia refuerza el peso de Estados Unidos, pero también introduce una mayor exposición a la competencia global por los cargamentos, especialmente con Asia en los meses de mayor demanda.
Mientras tanto, Rusia continúa perdiendo relevancia. Su cuota se redujo al 12% del total de las importaciones europeas en el segundo trimestre, seis puntos menos que un año antes, con una caída del 29% en los volúmenes suministrados. El cierre definitivo de la ruta ucraniana ha dejado al gasoducto TurkStream como única vía operativa, con flujos además decrecientes, y el GNL ruso tampoco ha logrado revertir la tendencia.
La Comisión Europea destaca que la rivalidad entre Noruega y Estados Unidos ilustra el nuevo equilibrio del mercado gasista europeo: menos dependiente de un único proveedor, pero cada vez más condicionado por la capacidad de atraer suministro en un mercado globalizado. En ese escenario, la batalla por el liderazgo no solo se libra en volúmenes, sino también en precios, flexibilidad contractual y capacidad de respuesta ante futuras tensiones geopolíticas o climáticas.
Donald Trump asegura en un mensaje enviado al primer ministro de Noruega que una de las razones por las que impulsa y presiona para lograr hacerse con Groenlandia es que no ha recibido el Premio Nobel de la Paz.
