Fuente: Financial Times
La promesa de Bruselas de comprar 750.000 millones de dólares (650.000 millones de euros) en energía estadounidense como parte de un nuevo acuerdo comercial entre EEUU y la UE será imposible de cumplir y se basa en cifras “ilusorias”, según advierten los expertos, a pesar de que los productores afirman que podría impulsar las ventas.
El acuerdo, anunciado el domingo por el presidente estadounidense, Donald Trump, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, exige a las empresas de la UE comprar petróleo, gas natural y tecnología nuclear estadounidense por valor de 250.000 millones de dólares durante cada uno de los próximos tres años.
Los analistas se muestran desconcertados por un objetivo que implicaría decisiones de empresas propiedad de accionistas en un continente que también intenta descarbonizar su economía.
“Incluso si Europa quisiera aumentar sus importaciones, desconozco el mecanismo por el cual la UE se dirige a estas empresas y les dice que compren más energía estadounidense”, explica Matt Smith, de la consultora energética Kpler.
Las cifras son “ilusorias”, añade. “Las empresas tienen un compromiso con sus accionistas y tienen el deber de comprar la materia prima más barata”.
El anuncio del domingo situó la energía en el centro de un acuerdo comercial que, según Trump, era uno de los más significativos de la historia, y que evitaba una inminente guerra arancelaria entre dos de las mayores economías del mundo.
Trump ha anunciado una era de “dominio energético” estadounidense basada en “dar rienda suelta” a la producción de combustibles fósiles, aunque la perforación en el prolífico sector del petróleo y el gas de esquisto se ha ralentizado desde su regreso a la Casa Blanca.
Las acciones de las empresas energéticas estadounidenses subieron el lunes tras la noticia del acuerdo con la UE, que podría impulsar a los exportadores de gas natural licuado y petróleo que ya se han beneficiado de los esfuerzos de Europa por reducir las importaciones de energía rusa.
Sin embargo, el repunte se desvaneció al entenderse la realidad del plan de Trump, que ofrecía pocos detalles más allá de la cifra total.
El año pasado, la UE importó más de 435.700 millones de dólares en energía, pero los suministros de combustibles fósiles estadounidenses al bloque representaron tan solo 75.000 millones de dólares.
Bruselas aún tiene un plan para eliminar por completo las compras de gas ruso para 2028 de manera gradual, incluido el GNL, lo que abriría otro resquicio para los exportadores estadounidenses.
Sin embargo, los analistas afirman que el objetivo de 250.000 millones de dólares sería imposible de alcanzar garantizando al mismo tiempo el deseo de Europa —y de Trump— de un suministro energético barato y seguro.
“Esto requeriría que Europa importara un volumen mucho mayor de gas y petróleo de EEUU, desviándose de otros proveedores, asumiendo que los precios del petróleo y el gas se mantendrían altos o incluso aumentarían para alcanzar el objetivo de 250.000 millones de dólares”, afirma Anne-Sophie Corbeau, analista de energía del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia.
“Queremos rebajar las facturas energéticas y el presidente Trump quiere reducir los precios del petróleo, por lo que este acuerdo carece de sentido”.
Los productores estadounidenses se mostraron más entusiasmados con el acuerdo, afirmando que ayudaría a que las empresas europeas que importan energía firmen más acuerdos de suministro con EEUU.
El Instituto Americano del Petróleo, el poderoso lobby de las grandes petroleras en Washington, afirma que el acuerdo “consolidará el papel de EEUU” como proveedor crucial para Europa.
Los ejecutivos del GNL señalan que podría ayudar a los promotores a obtener más financiación para construir una nueva oleada de plantas de licuefacción en el Golfo de México, el corazón de la pujante industria exportadora de gas de EEUU.
“Es un catalizador que sin duda apoya la contratación continua de suministros”, señala Ben Dell, presidente de Commonwealth LNG, refiriéndose a los acuerdos de compra a largo plazo. Su empresa está construyendo una nueva planta de licuefacción en Luisiana.
Horas después de que Trump y Von der Leyen anunciaran el acuerdo comercial, Venture Global, un exportador estadounidense de GNL con múltiples contratos europeos, anunció que iba a avanzar en un proyecto de 15.000 millones de dólares para producir 28 millones de toneladas de GNL al año, equivalente a casi la mitad de la demanda actual de gas de Alemania.
“Aplaudimos el acuerdo comercial del presidente Trump”, afirma Mike Sabel, consejero delegado de Venture Global, aunque reconoce que la financiación del proyecto se había gestionado con anterioridad. Venture Global “entregará rápidamente… un suministro abundante de GNL”.
Las acciones de Venture Global subieron casi un 8% la madrugada del lunes, mientras que las de los productores rivales de GNL Cheniere Energy y NextDecade experimentaron un alza de casi el 5%. Venture Global cerró con una subida del 4%, mientras que Cheniere y Next Decade lo hicieron aproximadamente un 1%.
El sector energético del S&P 500, que incluye a las petroleras y gasistas que suministrarían la energía adicional para un nuevo boom exportador, cerró con un alza de poco más del 1%.
Los analistas señalan el historial de Trump de anuncios ambiciosos que también fracasaron, incluyendo un acuerdo con China en 2020 durante su primer mandato. Se suponía que Pekín compraría exportaciones estadounidenses por valor de 200.000 millones de dólares adicionales, pero no lo hizo.
“El caso de la primera fase de comercio controlado con China durante su primer mandato ofrece un precedente desfavorable para el compromiso energético de 750.000 millones de dólares de la UE”, advierte Kevin Book, director general de ClearView Energy Partners, una consultora de Washington.
Bill Farren-Price, jefe de investigación sobre gas en el Instituto de Estudios Energéticos de Oxford, afirma que cuesta imaginar cómo podría la UE quintuplicar el valor de las importaciones de energía de EEUU mientras gira hacia las renovables.
“La demanda europea de gas es débil y los precios de la energía están bajando. En cualquier caso, son las empresas privadas, no los estados, las que contratan las importaciones de energía”, señala. “Nos guste o no, en Europa las turbinas eólicas se están imponiendo”.
