Fuente: El Economista
Europa y España se encuentran en una situación inédita: las amenazas de ataques rusos han intimidado a las autoridades del continente. El rearme acelerado es el último ejemplo de un cambio de mentalidad hacia la autonomía frente a los rivales a cualquier coste. Y uno de los sectores a los que apuntan ahora es la energía. El apagón del pasado 28 de abril demostró que la red en España puede sufrir riesgos que lleven al colapso eléctrico. En paralelo a la desconexión general, los sistemas de emergencia se pusieron en marcha en la mayor prueba real que han tenido en su historia. Cientos de edificios públicos e infraestructuras esenciales como hospitales, comisarías, torres de comunicación o bases militares pudieron continuar operando utilizando sus propios generadores, aislados de la red. Pero la presión actual del sistema pone en duda qué eficacia cuenta España y Europa para afrontar crisis energéticas continuas, como los ataques en una hipotética contienda.
La guerra en Ucrania ha demostrado cómo la energía —en un sentido amplio— es uno de los recursos más importantes que existen en la actualidad para doblegar a una nación. Moscú y Kiev han centrado gran parte de los bombardeos de estos años en las instalaciones eléctricas, centrales nucleares o refinerías. El objetivo es detener y desmoralizar al enemigo a cualquier coste, incluso si deben vivir a oscuras. Para el resto de Europa, el enfrentamiento ha implicado despertar del sueño de los justos y buscar con rapidez alternativas al gas siberiano.
Guerra híbrida
En los últimos meses, Europa está sufriendo los denominados ataques híbridos, operaciones encubiertas presuntamente vinculadas a Rusia que buscan poner a prueba a las fuerzas militares del continente. Estas acciones incluyen lanzamientos de drones en zonas estratégicas, cortes de cables submarinos, patrullas de cazas que vulneran el espacio aéreo, campañas de desinformación y ataques cibernéticos. España no ha estado exenta de estos riesgos y ya es el quinto país europeo con mayor volumen de ciberataques.
Una coordinación de estas acciones, aunque no impliquen la entrada en una guerra de alta intensidad, pueden desestabilizar el sistema energético, lo que hace necesario a países como España prepararse para agresiones contra su red. Las autoridades ucranianas, por ejemplo, han tenido que desarrollar en tiempo récord protocolos y equipos de reparación para minimizar los daños de los bombardeos rusos y recuperar la electricidad. Los largos períodos a oscuras, constantes a lo largo de estos años de guerra, demandan que las instalaciones estratégicas cuenten con equipos de respaldo que puedan soportar los cambios de la red.
Esa situación puede repetirse, a mayor o menor escala, ante futuras agresiones extranjeras en diferentes Estados europeos. “Compartimos con la Unión Europea y la OTAN la necesidad de mejorar el conocimiento estratégico del sector energético con implicaciones para la seguridad”, indica el último informe de Seguridad Nacional, publicado en mayo, cuya edición es anterior al apagón. “Como la protección de las infraestructuras energéticas críticas a fin de ser más resilientes frente a amenazas físicas, cibernéticas e híbridas, así como garantizar un suministro fiable y eficiente”.
Rentabilidad estratégica
La pandemia, la crisis de suministros, la guerra en Ucrania y el deterioro diplomático frente a EEUU han cambiado el paradigma político de Europa. Ahora la soberanía prevalece sobre la eficiencia económica, ya que una guerra comercial o una crisis institucional pueden desestabilizar los bienes más básicos.
El rearme cacareado tanto por Bruselas como por la OTAN busca garantizar la independencia de Europa y esto afecta a sectores aledaños como la energía. “El refuerzo de las capacidades militares europeas no se limita a la adquisición de armamento o material de combate”, explica José Manuel Fernández, CEO y CCO de Genesal Energy. “Buena parte de este gasto se está destinando a modernizar infraestructuras estratégicas, y en todos esos proyectos la energía juega un rol primordial”.
“La seguridad energética es hoy una cuestión de soberanía tecnológica”, añade Álvar Mayor Miguel, director de Innovación en Norvento. “Cada vez más, las instalaciones vinculadas a la defensa, como bases terrestres, puertos o centros logísticos, necesitan operar de manera independiente, mantener la estabilidad de red y asegurar el suministro ante cualquier eventualidad”.
Ambos especialistas coinciden en que el objetivo de la seguridad energética es garantizar que la electricidad siga fluyendo en las instalaciones críticas, independientemente de que haya sabotajes, ciberataques, accidentes o bombardeos directos. Tanto bases militares como edificios civiles deben contar con sistemas de respaldo energético por si llegara lo peor.
Articular un nuevo ecosistema energético, basado en la protección civil y no en la eficiencia energética, es un desafío con un alto precio. “Si bien es cierto que esta transformación implica costes significativos, también trae consigo una clara rentabilidad estratégica: las nuevas instalaciones incorporan sistemas de generación distribuida, almacenamiento y control digital que permiten reducir la dependencia externa, optimizar el consumo de combustible y aumentar la fiabilidad”, indica Fernández.
Miguel indica que este desarrollo estratégico de las instalaciones militares se traduce en una miríada de tecnologías y aplicaciones que garanticen que siga habiendo luz. “Son entornos con requerimientos muy concretos: capacidad de operar desconectados de la red, resistencia a condiciones extremas, transporte sencillo e instalación rápida. Además, deben garantizar un suministro continuo, tanto en despliegue como en emergencia”.
La base que los expertos creen que debe perseguirse son nodos eléctricos independientes basados en generación eléctrica in situ a través de fotovoltaicas, molinos y combustibles fósiles; despliegue de baterías, y equipamiento de alta tecnología. “Vemos un claro potencial en la implantación de microrredes, sistemas híbridos y arquitecturas descentralizadas que integren generación renovable, almacenamiento y control inteligente”, indica el experto de Norvento.
Protección civil
Aunque las bases militares suelen ser el primer objetivo de un ataque, no es extraño que los siguientes golpes se dirijan a infraestructuras civiles, como hospitales, comisarías o aeropuertos, tal y como lleva sucediendo en Ucrania desde hace años. Tan importante es para la estrategia de defensa de un país sostener tanto sus infraestructuras militares como los servicios civiles.
La autonomía energética de los centros públicos españoles tiene margen de mejora, según los expertos. “España ha avanzado en los últimos años en la instalación de sistemas de respaldo energético —explica el CEO de Genesal—, especialmente en infraestructuras críticas como hospitales, centros de emergencias o instalaciones de comunicaciones estratégicas. Sin embargo, el nivel de preparación todavía es desigual“.
Además del respaldo de generadores auxiliares in situ, la mayor parte de España afronta otro riesgo que la propia Unión Europea advirtió en su informe sobre el estado energético del continente: la debilidad de las conexiones con Francia. El 28 de agosto fue prueba de los cuellos de botella que se pueden formar en futuras emergencias, como un conflicto. Resolverlo será un pilar de las futuras estrategias que trace el país.
