Fuente: El Economista
La Comisión Europea ha llevado a cabo un test de estrés sobre la seguridad energética de los distintos países europeos antes de analizar hoy el borrador de la Estrategia de Seguridad económica.
En dicho análisis, Bruselas identifica en España una combinación de debilidades que limitan su aportación a la seguridad europea y aumentan su vulnerabilidad ante episodios de estrés del sistema, especialmente en electricidad.
El principal punto débil que señala la Comisión es el persistente aislamiento eléctrico de la Península Ibérica. España continúa figurando entre las regiones menos interconectadas de la Unión Europea, con niveles de intercambio transfronterizo muy por debajo de los objetivos comunitarios. Esta limitación reduce la capacidad del sistema español para recibir apoyo externo en situaciones de crisis y, al mismo tiempo, impide que el resto de la UE aproveche plenamente el potencial de generación y de infraestructuras existente en el país.
A esta carencia se suman cuellos de botella que afectan tanto al sistema eléctrico como al gasista. Bruselas subraya que, pese a contar con una de las mayores capacidades de regasificación de gas natural licuado de Europa, España no puede ejercer un papel estratégico equivalente en el conjunto del mercado europeo debido a la insuficiente conexión con Francia. Esta restricción resta valor sistémico a unas infraestructuras que fueron clave para garantizar el suministro nacional durante la crisis del gas.
En el ámbito eléctrico, el documento pone el foco en las vulnerabilidades técnicas del sistema, evidenciadas por el gran apagón del 28 de abril de 2025, que afectó a España y Portugal y se convirtió en uno de los incidentes más graves registrados en la Unión en los últimos años. Según la evaluación preliminar recogida por la Comisión, el episodio tuvo un origen multifactorial, con problemas de control de tensión, oscilaciones del sistema y desconexiones automáticas, lo que apunta a debilidades en la gestión de la estabilidad en un contexto operativo complejo.
Bruselas advierte además de los retos derivados de la elevada penetración de energías renovables variables, especialmente solar y eólica. Aunque el avance renovable refuerza la autonomía energética y reduce la dependencia de combustibles fósiles importados, la Comisión considera que el despliegue de mecanismos de flexibilidad, almacenamiento y control del sistema no ha avanzado al mismo ritmo. Este desajuste incrementa los riesgos de inestabilidad si no se refuerzan las capacidades técnicas y regulatorias.
Otro elemento de fragilidad identificado es la persistente interdependencia entre gas y electricidad. Pese al crecimiento de la generación renovable, el gas sigue marcando el precio de la electricidad en un número elevado de horas, lo que mantiene una fuerte vinculación entre la seguridad de suministro gasista y el funcionamiento del mercado eléctrico español, con impacto directo sobre precios y estabilidad.
Mecanismos de solidaridad
El informe también apunta a una experiencia limitada en la aplicación práctica de los mecanismos de solidaridad previstos en la normativa europea. Aunque España cumple formalmente con las obligaciones regulatorias, la Comisión constata que los acuerdos siguen siendo escasos y poco testados en situaciones reales de emergencia.
Por último, Bruselas subraya la creciente exposición del sistema energético español a los riesgos climáticos extremos. Olas de calor, sequías prolongadas y episodios meteorológicos severos incrementan la demanda eléctrica, reducen la aportación hidráulica y condicionan la operación de otras tecnologías, elevando la presión sobre el sistema en momentos críticos.
