Fuente: El Economista
Rusia está trabajando a toda máquina para cargar su crudo ‘prohibido’ en todos los petroleros que puede. Desde la agencia Bloomberg aseguran que la carga de buques con crudo ruso ha alcanzado un ritmo sin precedentes. Sin embargo, buena parte de estos esfuerzos son en balde. Tal y como ha revelado la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los ingresos por petróleo de Rusia se están desplomando, lo que resulta paradójico, pero tiene explicación. Si Rusia está enviando petróleo al exterior como nunca, ¿cómo es posible que sus ingresos estén en plena caída? La respuesta sencilla es que esos cargamentos se acumulan en el mar, lastrando los precios y socavando la capacidad de Moscú para financiar su guerra en Ucrania. La respuesta más compleja está en las sanciones de EEUU. El resultado, una economía de Rusia que se encuentra al borde del desastre ante el recorte de los flujos de ingresos que supone el petróleo.
Aunque las exportaciones de crudo del país aumentaron con fuerza por segunda semana consecutiva (teniendo en cuenta los envíos por mar y tierra (a través de oleoductos) las exportaciones rusas de crudo y productos petrolíferos cayeron en 420.000 barriles (kb/d), hasta 6,9 mb/d en noviembre, el nivel más bajo desde el inicio de la guerra), la descarga de los cargamentos está resultando un gran desafío. Esto, sumado a los viajes más largos a medida que los barcos se desvían de la India a China, ha impulsado un aumento del 28% en los suministros rusos en el mar desde finales de agosto. El resultado, el máximo en dos años y medio del excedente de petróleo ruso en el mar, es uno de los varios factores que deprimen los precios y limitan los ingresos que el Kremlin necesita para reabastecer sus reservas de guerra. Casi 180 millones de barriles de crudo ruso se encuentran en petroleros, un aumento del 28% desde finales de agosto.
El petróleo se amontona en el mar
El resultado es una acumulación creciente de petróleo sobre el mar y unos ingresos decrecientes para Rusia. La combinación de menores volúmenes exportados (se considera exportación cuando el petróleo entra en el país de destino y Rusia recibe el pago) y precios más débiles redujo los ingresos a 11.000 millones de dólares, 3.600 millones menos interanual y 11.400 millones por debajo de la media del primer semestre de 2022 tras la invasión de Ucrania, según revela en un recuadro la AIE.
Esta creciente acumulación se produce a medida que los flujos marítimos continúan aumentando. Moscú envió 3,68 millones (solo por mar) de barriles diarios en las cuatro semanas hasta el 7 de diciembre, según datos de seguimiento de buques recopilados por Bloomberg. Esto representa un aumento de aproximadamente 220.000 unidades desde el período hasta el 30 de noviembre y sigue un incremento similar la semana anterior. Este avance se debió a los envíos semanales más altos desde la invasión de Ucrania en febrero de 2022.
El enjambre de petroleros con millones de barriles a bordo es considerable. Un total de 38 petroleros cargaron 29,65 millones de barriles de crudo ruso durante la semana que finalizó el 7 de diciembre, según datos de seguimiento de buques e informes de agentes portuarios. El volumen aumentó respecto a los 27,61 millones de barriles de 35 buques de la semana anterior. En promedio diario, los envíos durante la semana finalizada el 7 de diciembre ascendieron a 4,24 millones de barriles diarios, un aumento de aproximadamente 290.000 barriles diarios con respecto a la semana anterior, la mayor cantidad desde la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Por otra parte, se envió un cargamento de crudo kazajo de grado Kebco desde Ust-Luga y Novorossiysk durante la semana.
Las exportaciones rusas de crudo descendieron 290 kb/d intermensual en noviembre, mientras que las de productos bajaron 130 kb/d. Destaca que el total de exportaciones marítimas a través del mar Negro se desplomó un 42%, hasta 910 kb/d, lastrado por los recientes ataques ucranianos contra buques y terminales de la flota en la sombra. Turquía e India parecen ser los dos principales destinos afectados por esta caída. Los ingresos totales por exportaciones rusas se hundieron en 1.900 millones de dólares intermensuales, ya que los precios del Urals FOB Primorsk y el ESPO FOB Kozmino se desplomaron 8,18 dólares/barril (hasta 43,52 dólares/barril) y 5,49 dólares/barril (hasta 53,92 dólares/barril), respectivamente, ante la renovada presión de sanciones que debilitó con fuerza la demanda.
Los descuentos del Urals frente al North Sea Dated superaron en noviembre los 20 dólares/barril, y en diciembre superaron los 24 dólares/barril, su mayor brecha desde junio de 2023. El descuento del Urals DAP en la costa oeste de India frente al Dubai M1 aumentó en casi 2,60 dólares/barril, hasta -5,80 dólares/barril, ya que los compradores indios se retiraron. Es el mayor descuento desde junio de 2024. Los costes de envío de petroleros de la flota en la sombra desde Primorsk a la costa oeste de India subieron 1 dólar/barril, hasta 11,20 dólares/barril, reflejando la menor disponibilidad de buques debido al endurecimiento de las sanciones.
El margen de arbitraje (la diferencia entre el precio en India y el de Primorsk descontando el flete) aumentó hasta una media de 3,95 dólares/barril en noviembre, su nivel más alto desde abril de 2023 y más del doble de la media de los doce meses anteriores. Los descuentos del ESPO frente al Dubai en Asia se ampliaron en 5,60 dólares/barril intermensual, hasta -10,54 dólares/barril en noviembre, y llegaron a -13,60 dólares/barril en diciembre, según desvela el informe de la AIE al que ha tenido acceso elEconomista.es
De este modo, el aumento en los flujos marítimos se vio lastrado en gran medida por la caída de los precios del crudo, lo que dejó el valor promedio de cuatro semanas de las exportaciones marítimas de Moscú con un aumento de tan solo un 1%. Además, Moscú podría estar a punto de ver a su mayor comprador de crudo marítimo retirarse, al menos temporalmente. Se espera que las importaciones de crudo ruso de la India caigan a su nivel más bajo en casi cuatro años a principios del próximo año, debido a la presión estadounidense. La duración de esta caída dependerá de la aparición de soluciones alternativas y del avance hacia un acuerdo comercial entre EEUU y la India, con Nueva Delhi intentando equilibrar sus relaciones con ambos países.
Las cifras que llegan desde China telegrafían una tendencia similar. Según Kpler, las importaciones chinas de crudo procedentes de Arabia Saudí alcanzaron en noviembre un máximo en cinco meses de 1,59 millones de barriles diarios, y las de Irán, un máximo en tres meses de 1,35 millones de barriles diarios. En cambio, las importaciones marítimas procedentes de Rusia descendieron a 1,19 millones de barriles diarios. “Esto se atribuye a un menor volumen de compras por parte de las refinerías estatales, mientras que las cuotas de importación de las refinerías independientes prácticamente se agotaron. Por lo tanto, esto podría indicar que las sanciones estadounidenses ya están teniendo un primer efecto”, explican desde Commerzbank.
Mientras tanto, Ucrania continúa atacando las refinerías de petróleo y los puertos de exportación de Rusia, manteniendo Moscú sus bombardeos sobre la infraestructura de gas y energía de Ucrania. Los ataques no dan señales de ceder, mientras que un avance en el plan de paz liderado por EEUU sigue siendo difícil de alcanzar. En las últimas semanas, Kiev incluso ha desplegado baterías de ‘superdrones’ contra buques cisterna y de mercancías vinculados de alguna manera con Rusia.
Las sanciones, en un momento providencial
Se puede decir que estas quirúrgicas y parece que efectivas sanciones de EEUU contra las dos mayores petroleras rusas llegan en un momento providencial, ya que una mayor mengua en los ingresos petroleros de Moscú añade más leña al fuego con la economía empezando a notar los rigores de la guerra. Las cuentas empiezan a no salir en el Kremlin y el agujero puede ir a peor. Nada más producirse la invasión de Ucrania, se produjo un shock en los mercados energéticos que disparó los precios largo tiempo, llenando Moscú las arcas, en calidad de excepcional proveedor de energía, gracias precisamente a su ofensiva militar. Mientras Occidente diseñaba e intentaba mejorar una cierta arquitectura de sanciones, algunas de eficacia muy cuestionada, el Kremlin se siguió lucrando, en la medida también en la que agudizaba el ingenio para sortear las medidas de EEUU y sus socios.
Pero el mapa ha cambiado en los últimos tiempos. La caída de los precios del petróleo por los propios fundamentos del mercado y un mayor celo desde Occidente con las sanciones han abierto un brete en la hoja contable de Moscú mientras los gastos de guerra se siguen disparando. Según estimaciones recientes, se prevé que Rusia gaste 145.000 millones de dólares en gastos militares en 2025, lo que supone un aumento del 25% con respecto a 2024 (gastos estimados ilustrados anteriormente). Hasta ahora, los rusos han surfeado esta economía de guerra e incluso las autoridades han sacado pecho del crecimiento del PIB. Al otro lado de la ecuación, los importantes ingresos por petróleo y gas se redujeron en más de una quinta parte entre enero y octubre con respecto al mismo período del año anterior, hasta los 7,5 billones de rublos.
El relato que se empieza a acabar. Más allá de las consecuencias puramente bélicas en las primeras líneas del frente, el resto de Rusia, incluida Moscú, ha comenzado a sentir las consecuencias económicas de una guerra prolongada. Desde los hogares que recortan el gasto en alimentos hasta las empresas siderúrgicas, mineras y energéticas en dificultades, el motor económico del país muestra múltiples fracturas, y la resiliencia previa impulsada por el enorme estímulo fiscal y los citados ingresos récord del sector energético se empieza a evaporar. “Hay indicios de una creciente presión económica en Rusia a medida que se extienden los efectos secundarios negativos de su economía de guerra, agravados por la erosión de los ingresos procedentes del petróleo y el gas”, certifica Norbert Rücker desde Julius Baer.
“Los precios ahora suben más rápido que los salarios“, se queja una ciudadana rusa anónima a Bloomberg. Las anecdóticas y hasta pintorescas noticias de marcas rusas quedándose con activos occidentales rusos en Occidente y continuando la vida normal (se comen hamburguesas, se beben refrescos de cola) han dado paso a un desafío mucho mayor. “El gasto promedio semanal en comestibles se ha más que duplicado en los últimos años”, señala otro ruso anónimo. Esto ha obligado a él y a tantas familias a reconsiderar sus gastos, comprando menos alimentos esenciales como frutas y verduras.
El banco central ruso elevó los tipos de interés a un récord del 21% en octubre del año pasado para frenar la inflación y frenar una economía sobrecalentada. Sin embargo, a pesar de la reciente disminución de los costes de endeudamiento, la economía muestra cada vez más el impacto retardado del ajuste monetario. En el proceso, se han expuesto desequilibrios más profundos en un país que se ha reequipado para la guerra, pero que aún mantiene un sector económico civil. La inflación se redujo a aproximadamente el 6,8% a principios de noviembre, pero la principal razón es el debilitamiento de la demanda de los consumidores.
Moscú se enfrenta a su ‘Vietnam’
Ante la amenaza de abismo fiscal, el presidente ruso, Vladímir Putin, ha echado mano de la receta económica más antigua del mundo: subir los impuestos. Rusia aumentará su impuesto al consumo y ampliar la base de empresas obligadas a pagarlo para ayudar a tapar este déficit fiscal cada vez mayor. El tipo del impuesto sobre el valor añadido (IVA) subirá del 20% al 22% a partir del próximo año, según informó hace unos meses el Ministerio de Finanzas. El ministerio también dijo que se aplicaría a una base de contribuyentes más amplia. Este paso es revelador, ya que Putin prometió no volver a subir impuestos hasta 2030.
Para hacerse una idea de lo que supone el ingente gasto de guerra en medio de las primeras fisuras económicas, los analistas de BCA Research han hecho una extrapolación muy ilustrativa. Si el coste de la guerra de Vietnam para EEUU fue de un 1% del PIB en los 20 años que duró, la de Ucrania ha supuesto en torno a un 15% del PIB ruso en los más de tres años que ya dura. “Los costes de la guerra han sido exorbitantes en comparación con la guerra de EEUU en Vietnam, que provocó una década de inflación y malestar social”, advierten estos estrategas.
Desde la casa de análisis canadiense tienen claro que el paso dado por Washington con Lukoil y Rosneft se notará en las arcas rusas: “Aunque las sanciones de la UE al gas natural licuado (GNL) ruso siguen aplazadas hasta 2027, la aplicación más estricta de la normativa a la flota paralela de Rusia reducirá los ingresos petroleros”. Eso sí, matizan, todo dependerá de la India y China. De momento, las cifras son esclarecedoras. Desde el think tank Atlantic Council, el geoestratega Daniel Fried tiene claro que el nuevo ‘muro’ levantado por EEUU “ejercerá aún más presión a la baja sobre los ingresos petroleros rusos” al obligar a Moscú a rebajar aún más el precio de su petróleo y “obligar a los compradores a considerar fuentes alternativas de petróleo”.
“Se prevé que Rusia añada alrededor de 100.000 barriles diarios en 2026, lo que supondrá aproximadamente el 5% del crecimiento de la oferta mundial. La producción aumentará modestamente en el primer semestre de 2026, antes de iniciar un descenso estructural constante a partir del segundo semestre, como consecuencia de las sanciones y las restricciones a la inversión, que están paralizando nuevos proyectos en lugar de reducir directamente las exportaciones actuales”, cierra con una previsión Bridget Payne, de Oxford Economics.
