Fuente: El Economista
Parece increíble que con la tecnología existente, el poderío naval de EEUU y la ayuda del resto de Occidente el petróleo prohibido de Rusia fluya a sus anchas por los mares. No solo eso, la ‘flota en la sombra’ que opera en ocasiones con viejos y ajados buques, que portan exóticas banderas y transportan petróleo de los Urales no para de crecer. Como un ‘enjambre’ en plena ebullición y época de reproducción, cada vez que se hace un recuento hay más buques en esta flota que mantiene bien ‘engrasado’ el mercado de petróleo. Rusia produce más de 9 millones de barriles cada día y ese petróleo sale de sus puertos en esta suerte de Armada Invencible.
Para los más profanos en Historia, se conoce como la Armada Invencible a la flota naval enviada por España en 1588 bajo el reinado de Felipe II, con el objetivo de invadir Inglaterra y derrocar a la reina Isabel I. Sin embargo, la expedición fracasó debido a una combinación de mal clima, errores estratégicos y resistencia inglesa, lo que marcó un hito en la historia naval europea. Pese al fatídico desenlace, ese nombre ha pasado a la posteridad porque en su época se consideraba que era una flota tan poderosa que nadie podía derrotarla. España había reunido más de 130 barcos, incluyendo galeones, naos y galeras, con unos 30.000 hombres entre marineros y soldados. Además, contaba con los mejores recursos y armamento que el imperio podía ofrecer.
Aunque han llovido siglos, la comparativa es pertinente. En primer lugar, en el número de embarcaciones, que no se queda tan lejos, y en la imposibilidad de doblegarla. El último informe del think tank CREA (siglas en inglés de Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio) concluye que, a fecha de septiembre de 2025, había 90 buques rusos ‘en la sombra’ operando con banderas falsas, lo que supone un aumento de seis veces respecto a diciembre de 2024. En total, 113 buques rusos ‘en la sombra’ han enarbolado una bandera falsa en algún momento durante los tres primeros trimestres de 2025, transportando el 13% de todo el crudo ruso, unos 11 millones de toneladas valoradas en 4.700 millones de euros.
Con la ‘flota en la sombra’ rusa también se puede hablar de un fin ciertamente bélico: por un lado, el lucrativo comercio de petróleo sufraga el esfuerzo de guerra en Ucrania; por otro, alguno de estos petroleros se ha llegado a convertir en un ‘arma de guerra’. El 1 de octubre, cuando la Marina francesa abordó y detuvo el petrolero Boracay por navegar con una bandera falsa y bajo sospecha de haber servido de plataforma para el lanzamiento de drones contra Dinamarca, al menos otros cinco buques con banderas falsas estaban atravesando aguas de la UE, un indicio de la nueva normalidad entre los buques ‘en la sombra’ de Rusia. Construido en 2007, con un tonelaje de peso muerto (capacidad de carga sin riesgo de una embarcación) de 115.577 toneladas, 244 metros de eslora y 43 de manga (ancho) y bandera de Benin (en el Golfo de Guinea), el Boracay se adscribe a la perfección a la tipología de petrolero de la ‘flota fantasma’ de Moscú.
Se trata de embarcaciones que en muchos casos se acercan a los 20 años, una edad a partir de la cual empiezan a perder sentido operativo, ya que puede haber fallos de seguridad y el mantenimiento resulta caro. Para conseguir su objetivo de navegar por todo el mundo sorteando sin seguro occidental y sorteando todos los controles de EEUU y sus socios, Moscú recurrió al ‘mercado oscuro para comprar algunos de estos barcos. Como ha denunciado en repetidas ocasiones el conocido economista Robin Brooks, los armadores griegos tuvieron un importante papel en estas transacciones.
Estas características hacen que muchos de estos buques sean una ‘bomba’ en movimiento que puede causar un gran daño ambiental, por ejemplo con vertidos de combustible. Un riesgo que se incrementa con los transbordos clandestinos barco a barco ship to ship que hacen para sortear las sanciones. Un caso muy esclarecedor es el del buque Eventin -unos 274 metros de eslora, casi como tres campos de fútbol-, que desde comienzos de año se encuentra fondeado cerca de la isla de Rügen, en la esquina noreste de Alemania. El buque, con bandera de Panamá, transportaba barriles desde el puerto ruso de Ust-Luga cuando sufrió un fallo eléctrico el 10 de enero y fue remolcado hasta cerca de la costa alemana, siendo confiscado por las autoridades. Desde entonces, ha permanecido allí varado en medio de un laberinto judicial sobre su futuro mientras vecinos y trabajadores de la zona temen un daño ambiental.
Otra imagen habitual ha sido la de ver en los mares buques de este tipo moviéndose como erráticas piezas sobre un tablero de ajedrez; avanzando, retrocediendo o esperando al compás de las sanciones occidentales. Hace unas semanas, el Furia, un petrolero cargado con crudo ruso y con destino a la India se desplazaba (246 metros de eslora surcando las aguas) hacia el oeste por un estrecho entre Dinamarca y Alemania cuando dio media vuelta y navegó una corta distancia antes de reducir drásticamente la velocidad. ¿Qué se había encontrado por el camino? Al presidente de EEUU, Donald Trump, sancionando a Lukoil y Rosneft, las dos principales petroleras de Rusia.
Un enjambre plagado de banderas exóticas
¿Cómo han conseguido estos colosos al servicio de Rusia su cometido? Entre las artimañas de Moscú, el informe repasa la creciente tendencia de operaciones con banderas falsas y analiza también otros patrones cambiantes de los buques ‘en la sombra’ rusos. La irrupción de nuevos registros sin historial en transporte marítimo y el comportamiento de los buques sancionados por la UE, el Reino Unido o la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EEUU.
El uso de banderas falsas y el flag hopping (cambios constantes de bandera) siguen siendo las medidas más habituales entre los buques sancionados. En total, 96 buques sancionados han navegado con bandera falsa al menos una vez hasta finales de septiembre de 2025. Hasta 85 buques han cambiado de bandera al menos dos veces dentro de los seis meses posteriores a ser sancionados por la UE, la OFAC o el Reino Unido, lo que demuestra la aparición de un nuevo mercado de operadores dispuestos a asumir riesgos ante la falta de registros tradicionales.
Seis registros de bandera que no habían abanderado ni un solo buque petrolero ruso antes de la invasión a gran escala tenían, en septiembre de 2025, al menos diez barcos de este tipo cada uno. En conjunto, estos seis registros (estas seis banderas) acogen ahora a un total de 162 buques de la ‘flota en la sombra’ rusa.
“El número de petroleros rusos ‘en la sombra’ que navegan con banderas falsas está aumentando a un ritmo alarmante. Solo en septiembre, los buques con bandera falsa transportaron 1.400 millones de euros en crudo y productos petrolíferos rusos a través de los estrechos daneses”, confirma Luke Wickenden, analista energético y coautor del informe. “El seguro de cualquier buque que navegue con bandera falsa queda invalidado y, unido al hecho de que muchos de estos petroleros son viejos y han sido reacondicionados casi desde el desguace, incrementa el riesgo para los estados costeros situados en sus rutas en caso de accidente o vertido”.
“Además de los riesgos asociados a las banderas falsas, también observamos que los operadores de buques ‘en la sombra’ están aprovechando las limitaciones de capacidad de países económicamente débiles para explotar sus pabellones y sus normativas, obteniendo así derechos de paso para entregar petróleo de sangre”, señala Vaibhav Raghunandan, analista UE-Rusia de CREA y coautor del informe. “Corresponde a la comunidad internacional impulsar una reforma en las regulaciones de los estados de pabellón, apoyar el refuerzo de capacidad de los registros y detener los buques con banderas falsas para limitar las operaciones ‘en la sombra’ que sostienen y financian la invasión rusa de Ucrania”.
Desde el think tank finés explican que las operaciones con banderas falsas violan el Artículo 94 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). Los estados costeros deben actuar con determinación y detener a los buques rusos ‘en la sombra’ que utilicen banderas falsas, ya que representan enormes riesgos medioambientales y de seguridad para las costas europeas y británicas.
La detención de buques ‘en la sombra’ con banderas falsas interrumpiría la logística de exportación de petróleo de Rusia, aumentaría los costes y provocaría retrasos, reduciendo en última instancia el volumen y la fiabilidad del comercio petrolero que financia la guerra contra Ucrania.
