Fuente: Expansión
Pedro Sánchez ha aprovechado el gran apagón del pasado 28 de abril, del que se cumplen hoy tres semanas sin que el Gobierno haya dado una explicación completa, para cargar contra las centrales nucleares por haber sido, según el presidente, un freno para el restablecimiento del suministro en España y Portugal después de la crisis que generó el “cero eléctrico”. Todo lo contrario es lo que ha hecho el Gobierno de Dinamarca, que ha encargado un análisis técnico para levantar el veto a la energía nuclear que ha estado vigente durante cuatro décadas en el país nórdico. Un paso histórico que se ha tomado precisamente a raíz de lo sucedido en la península ibérica, donde un excesivo peso de las energías renovables en la producción de electricidad causó un episodio de inestabilidad fatal.
La coalición entre socialdemócratas, centristas y liberales que preside Mette Frederiksen planea incorporar pequeños reactores nucleares, llamados como SMR, a su mix energético, en el que un 50% de la producción es eólica gracias a los megaparques instalados en el mar del Norte, pero también dispone de importantes conexiones con Suecia y Noruega para evitar cortes de suministro. En caso de salir adelante, Dinamarca sería el último país en unirse a la lista de países de la Unión Europea que han vuelto a apostar por la energía de origen atómico, con Alemania como ejemplo paradigmático. Tras cortar lazos con Rusia como represalia por la invasión de Ucrania, tuvo que disparar la producción de las contaminantes centrales de carbón para suplir el gas ruso debido al cierre de las plantas nucleares decretado por Angela Merkel en el año 2011, que se completó durante 2023.
El nuevo gobierno de coalición entre democristianos y socialdemócratas ha frenado el desmantelamiento de las centrales ya en desuso como paso previo a un análisis técnico de la viabilidad de volver a ponerlas en funcionamiento. Además, el multimillonario programa de inversión pública en infraestructuras financiará la instalación de SMR en los próximos años.
La nuclear también va a ser clave en la histórica transformación del sistema energético de los países bálticos, que el pasado mes de febrero se desconectaron por fin de la electricidad suministrada por Rusia y Bielorrusia desde tiempos de la URSS y ahora están sincronizados con la red europea, principalmente a través de Finlandia, que inauguró en 2023 el reactor atómico más potente del continente, con una capacidad de generación de 1.600 megavatios. Estonia, Letonia y Lituania también planean incorporar los SMR a sus redes para garantizar la estabilidad futura del sistema y reducir las emisiones de las energías contaminantes con las que se abastecen en la actualidad. En esta carrera, Francia quiere ser el primer país europeo en incorporar los pequeños reactores a su sistema eléctrico, del que tres quintas partes ya son de generación atómica.
Isla ideológica
La obstinación de Sánchez y sus socios contra de la energía nuclear puede provocar que a la condición de isla energética derivada de la falta de interconexiones con el continente, la economía española vaya a sumar la de isla ideológica. Sólo unos días después de que el presidente del Gobierno español afirmara en el Congreso de los Diputados que prolongar la vida útil de las centrales nucleares que operan en nuestro país es algo que deben proponer y financiar los propietarios “ultrarricos” de esas plantas, el Parlamento de Bélgica aprobaba por amplia mayoría -sólo los ecologistas votaron en contra- derogar la ley de 2003 que imponía el fin de la producción de energía atómica para finales de este mismo año. El Gobierno belga apuesta por las nucleares para reducir su dependencia del gas importado. Este insólito consenso en un país en el que son habituales las disputas entre los partidos flamencos y los valones confirma que la rehabilitación de la nuclear va más allá de ideologías, salvo en España por el dogmatismo de PSOE y Sumar.
A raíz de la incorporación de la nuclear en la taxonomía verde de la Unión Europea (los criterios para poder recibir financiación comunitaria), se ha incrementado su peso en el mix energético del continente. Dar la espalda a esta realidad conllevará una evitable pérdida de oportunidades e inversiones hacia la economía española.
