Fuente: Expansión
El miedo a una recesión mundial hunde los precios de petróleo y gas, lo que arrastra a la electricidad. A corto plazo se beneficia el consumidor pero a largo plazo daña a todos.
Los mercados energéticos, que parecía que estaban dejando atrás la enorme volatilidad de los últimos años -primero con la pandemia, después con los problemas logísticos de la recuperación económica, y luego más tarde con las guerras de Ucrania y Gaza- vuelven a estar patas arriba.
Esta vez es por la debacle de precios que está provocando el tsunami económico mundial de la política arancelaria del presidente de EEUU, Donald Trump. Los precios de la energía, muy sensibles a ciclos económicos -que muchas veces anticipa- están respondiendo ahora al miedo a que la guerra arancelaria desencadenada por Trump desemboque en una recesión mundial.
Todos los precios de los contratos a futuro de electricidad -independientemente de si son para entregas de generación de luz a corto, medio o largo plazo- estaban ayer en rojo, es decir, se estaban negociando con precios a la baja.
Lo mismo para contratos de suministro para varios años (los denominados Power Purchase Agreement, o PPAs).
Según datos de Omie, la empresa que gestiona en España el mercado mayorista de electricidad (pool), los PPA estaban marcando ayer precios de 55 euros por megavatio, la cifra más baja del año. Todos los contratos de entrega de electricidad a futuro no consiguen pasar de ese precio de aquí a 2035. Es decir, en las circunstancias actuales de incertidumbre, el mercado está anticipando diez años de problemas.
Al gas y al petróleo les está pasando algo parecido.El barril del crudo Brent bajó ayer el 2,25% en el mercado de Londres y, en apenas tres sesiones acumula un retroceso de casi el 15%, por lo que está en el nivel mínimo en los últimos cuatro años.
Pan hoy y hambre mañana
El precio de gas reflejaba ayer una caída superior al 7%, hasta los 34,75 euros por megavatio hora, en el Migas, el mercado mayorista español.
Las caídas de precios en energía, cuando son tan acusadas, suponen para el usuario pan para hoy y hambre para mañana.
La razón es muy sencilla. Las caídas de precios muy drásticas solo tienen beneficios muy a corto plazo, pero provocan caos en las inversiones a medio y largo plazo. Por ejemplo, si los precios caen mucho en electricidad, el usuario se beneficia momentáneamente, pero las empresas sufren mucho. Especialmente las renovables. Si los precios bajan en exceso, las cuentas no les salen y eso trunca nuevos proyectos. Y si no se construyen más proyectos, a la larga eso repercute negativamente en el usuario, porque habrá menos competencia. Y cuando los precios remonten, lo harán con más fuerza.
Para hoy, el pool eléctrico español marcará cero horas o incluso precios negativos en varios céntimos de euro, durante nueve horas. Eso hace las delicias de los usuarios, pero es insostenible a medio o largo plazo.
Las grandes energéticas españolas, como Repsol, Endesa, Iberdrola y Naturgy, miran alarmadas la situación. Pero no solamente ellas. También todas las demás. La inestabilidad de precios, en general, no beneficia a ninguna empresa.
Aunque a cada una le afecta de una manera distinta, todas tienen que cubrir posiciones para protegerse de la volatilidad del mercado. Repsol está afectada de forma triple, porque es multienergética (petróleo, gas y electricidad). Iberdrola tiene electricidad y algo de gas. Como Endesa. Naturgy tiene sobre todo gas, y también electricidad.
El peor virus
Los problemas de precios son el peor virus que puede sufrir el sector energético, porque lo contamina todo. El pool eléctrico, de media tiene para hoy un precio de 47 euros por megavatio.
Aunque tenga nueve horas a cero euros o incluso precios negativos, habrá otras horas a precios de más de 130 euros por megavatio. Esa disparidad de precios es muy difícil de gestionar e introduce todo tipo de distorsiones en el mercado. Por ejemplo, a esos precios medios de menos de 50 euros las nucleares en España -teniendo en cuenta que pagan más de 20 euros en impuestos por megavatio- no consiguen cubrir los costes.
Se cuestiona así toda la estructura de este tipo de instalaciones en un momento muy delicado desde el punto de vista político y social.
Problema extra en Almaraz
El futuro cierre de la nuclear extremeña de Almaraz -la primera en el calendario de clausuras atómicas-, ha desencadenado contestación social. El Gobierno y las eléctricas están hablando sobre la posibilidad de conceder una miniprórroga de dos o tres años. Pero a los precios que están marcando los contratos a futuro de electricidad es un reto extra que sin duda envenenará el diálogo.
