Fuente: El Economista
Europa se prepara para afrontar una primavera de precios elevados del gas natural ante la sensación creciente de vulnerabilidad provocada por los bajos niveles de almacenamiento y un episodio de frío más intenso de lo previsto que puede llevar a las reservas de gas a volúmenes preocupantemente bajos.
Europa contaba a 1 de noviembre de 2025 con 87,4 bcm (millones de metros cúbicos) de gas almacenado, unos 14 bcm menos que un año antes. A 1 de enero de 2026, las existencias habían descendido hasta 64,9 bcm, todavía 11,7 bcm por debajo del nivel interanual, y tras el episodio de frío de comienzos de enero, el volumen cayó a 55,4 bcm a 13 de enero, ampliando de nuevo la brecha hasta 14 bcm respecto a 2025.
Este punto de partida más ajustado explica buena parte de la tensión reciente en los mercados. Los futuros europeos del gas TTF (Title Transfer Facility, mercado holandés de gas natural más utilizado para materias primas europeas) subieron más de un 30% en la semana que finalizó el 16 de enero, impulsados por las previsiones de temperaturas muy por debajo de lo normal en la segunda mitad del mes. Citi explica además que el movimiento alcista se vio amplificado por la cobertura de posiciones cortas récord de los fondos de inversión, lo que exacerbó la reacción de los precios.
El impacto del frío es cuantificable. Según los cálculos de Citi, la demanda europea de gas aumenta de media en 3,3 bcm al mes por cada grado centígrado de descenso cuando las temperaturas se sitúan entre 0 y 5 grados. Bajo un escenario en el que febrero y marzo de 2026 replican las condiciones de frío de 2018, la demanda adicional acumulada en el primer trimestre alcanzaría unos 20 bcm, reduciendo las reservas a finales de marzo hasta entre el 15% y el 20% de la capacidad, frente a una previsión base cercana al 38%. En términos absolutos, esto implicaría cerrar el invierno con en torno a 21-22 bcm, un nivel históricamente que forzaría un fuerte incremento de demanda para la etapa de llenado de los almacenamientos a partir de abril.
Tanto Citi como el Oxford Institute for Energy Studies (OIES) coinciden en que es poco probable que Europa, en su conjunto, se quede sin gas antes de que termine el invierno. El riesgo es más bien local. La desigual distribución de la capacidad de almacenamiento, junto con cuellos de botella en infraestructuras gasistas, hace que algunos países estén más expuestos que otros. El OIES señala explícitamente que Francia podría convertirse en uno de los focos de preocupación si el frío persiste y las retiradas continúan a un ritmo elevado.
El trasfondo de esta situación hay que buscarlo en la crisis energética de 2022. La Unión Europea impuso entonces objetivos obligatorios de llenado de almacenamientos de hasta el 90% antes del invierno. Con el mercado más diversificado, el gas ruso prácticamente fuera del sistema y el GNL desempeñando un papel central, Bruselas optó por relajar estas exigencias a partir de 2025, devolviendo mayor peso a las señales de mercado. Los Estados miembros, en consecuencia, han relajado el cuidado de los inventarios, aceptando un mayor riesgo a cambio de menores costes a corto plazo. El resultado es un sistema más flexible, pero con menos colchón y mayores dependencias.
En paralelo, el suministro ha seguido mostrando resiliencia. En el cuarto trimestre de 2025, las importaciones europeas de GNL aumentaron un 30% interanual, permitiendo compensar la caída de las importaciones por gasoducto desde Rusia y una mayor retirada de almacenamiento. Oxford destaca que el incremento del GNL fue generalizado en todo el continente y resultó clave para cubrir la demanda en un contexto de menor aporte por gasoducto.
La estructura de precios refleja esta dualidad entre tensión a corto plazo y confianza en el suministro agregado. Desde mediados de enero, los futuros TTF del verano de 2026 cotizan con prima frente a los del invierno 2026/27, una situación poco habitual en esta época del año. Citi interpreta esta anomalía como una reacción excesiva del mercado y anticipa que los diferenciales verano-invierno deberían volver a terreno negativo cuando se disipe el temor a un agotamiento generalizado de las reservas.
No obstante, el verano se perfila como un desafío. Entre abril y noviembre de 2025, Europa inyectó unos 51 bcm en sus almacenamientos. Si el invierno actual termina con existencias en el entorno de los 22 bcm, alcanzar el objetivo del 80% de llenado (84,8 bcm) exigirá inyecciones superiores a las del verano pasado, en un contexto en el que no se espera un repunte de la producción europea ni de las importaciones por gasoducto. El mercado da por hecho que Europa necesitará grandes volúmenes de GNL en el verano de 2026, lo que mantendrá los precios firmes y limitará la relajación estacional.
El principal factor capaz de alterar este equilibrio no es climático, sino geopolítico. Citi advierte de que una escalada grave de las tensiones en Oriente Medio, especialmente entre Irán y Estados Unidos o Israel, podría disparar el precio del TTF a corto plazo hasta alrededor de 42 euros/MWh, un 14% más.
