Fuente: El Mundo
Un trofeo de Donald Trump en el acuerdo alcanzado en Escocia es que EEUU desplace definitivamente a Rusia como proveedor energético de la UE . Eso empuja a España, si no cambia la política del Gobierno, a un escenario de ensueño para la Casa Blanca: un país del euro que dispara su dependencia del gas estadounidense -ya está subiendo este año un 79% antes del acuerdo- mientras prescinde a la vez de una fuente de energía autóctona: la nuclear. Ambas son las tecnologías clave actualmente para evitar apagones.
El compromiso de Ursula Von der Leyen de fomentar la compra de gas de EEUU a cambio de que la UE mantenga acceso al primer mercado mundial -un 15% de aranceles lo permite- coincide con un escenario endiablado en España tras el apagón.
Enagás anunció el día 22 «un incremento del 41,2% en el consumo de gas para generar electricidad debido al aumento del peso de las centrales de ciclo combinado tras el apagón y el refuerzo de la seguridad del suministro». Eso en el conjunto del año, pero sólo en junio, el último con datos cerrados en Enagás, el incremento ha sido del 157,8% con respecto al mismo mes del año anterior.
El consejero delegado de Enagás, Arturo Gonzalo,resalta el papel clave que ha tenido el gas en dotar de estabilidad al sistema al no sufrir la intermitencia de las renovables. Y la vicepresidenta tercera del Gobierno, Sara Aagesen, ya señaló en su informe a Red Eléctrica por operar el 28 de abril con la menor red de seguridad de centrales de gas del año. Su uso se ha disparado desde entonces para no repetir el caos de aquel día.
Este esfuerzo de España en contar con más gas ya venía beneficiando, según los últimos datos de Enagás, particularmente a EEUU. Las importaciones del gas natural licuado de ese país han subido en el primer semestre el citado 79% con respecto a un año atrás. Reemplaza así a Rusia como segundo proveedor y supone el 31,7% del total, cerca del 32,5% de Argelia. Tras el acuerdo en Escocia, irá a más.
Al tiempo que se acrecienta esta dependencia exterior, el Gobierno va dando pasos para prescindir de la otra gran fuente estable de energía que protege de la volatilidad renovable. Aagesen y el presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, se han colocado esta semana en las antípodas sobre la cuestión nuclear, lo que aboca al cierre de la central de Almaraz en vez de ampliar su vida útil.
Galán zanjó ante los analistas que «si no hay cambio en la legislación no podremos solicitar la ampliación». Se refiere a una rebaja de la carga fiscal sobre las nucleares que evite perder dinero si se mantiene en funcionamiento Almaraz y todo el resto de centrales de España, que representan el 20% del sistema. Y Aagesen, por su parte, volvió a rechazar rebajar la tributación, porque la alternativa es, en su opinión encarecer el recibo, mientras que Galán esgrime que lo que haría caer precios es mantener la energía nuclear.
El Gobierno da un papel clave a Naturgy, la compañía que preside Francisco Reynés, que es la accionista minoritaria en Almaraz por debajo de Iberdrola y Endesa. «Las empresas propietarias son tres», recalcó Aagesen al ser preguntada por la propuesta que le han remitido Iberdrola y Endesa. La vicepresidenta está más cómoda con la posición posibilista de Reynés, partidario de una pequeña prórroga hasta 2030 sin exigir de momento a cambio una rebaja fiscal. Se ganaría así tiempo para que, quizá con otro Gobierno, se aborde lo que Reynés llama «un replanteamiento del mix energético» incluido el plazo de vida de todas las centrales.
La vicepresidenta quiere forzar a Endesa e Iberdrola a pactar con Naturgy para rebajar la ambición de su propuesta y las dos primeras eléctricas responden con medidas orientadas al cierre de Almaraz, lo que no parece preocupar al Gobierno en una partida de póker desesperante.
A todo esto se une otro debilitamiento del país en la energía, que es una de ventajas potenciales de la economía española. Los expertos auguran un gran futuro si se fomenta una energía solar barata bien protegida por nuclear y gas durante la larga transición, pero el Gobierno fracasó estrepitosamente el pasado martes al no poder sacar adelante el llamado decreto antiapagones que permitía agilizar por fin la conexión de proyectos industriales a la red y no perder nuevas inversiones renovables.
El batacazo deja cicatrices y no sólo para el Gobierno, sino también para el PP al no haber salvado un decreto eminentemente técnico. «El rechazo deja al sector energético español en la incertidumbre regulatoria, desalentando la entrada de capitales e impactando a los principales actores», informa a sus clientes Royal Bank of Canada. «Es un retroceso significativo en la política energética del Gobierno», asegura por su parte el italiano Mediobanca. «Esto podría retrasar o cancelar muchos proyectos industriales y renovables», agrega.
El resumen tras el gran apagón es deprimente: incapacidad de legislar, renuncia a energía autóctona y más dependencia exterior del país que dirige un jugador como Trump.
