Fuente: Expansión
La reciente escalada de los precios del gas, impulsada por tensiones geopolíticas y la dependencia europea de importaciones, ha reabierto el debate sobre la seguridad energética, además de prevenir los riesgos climáticos.
Es necesario “conciliar la política climática con la competitividad y la seguridad energética, se asegura en el informe Competitividad y Sostenibilidad: Claves para el Futuro del Mercado Energético Europeo“, de la Fundación para el Avance de la Libertad, en colaboración con el European Policy Information Center (Epicenter),
España, que ya genera más del 50% de su electricidad con renovables, enfrenta retos como la concentración del mercado, altos costes regulatorios y la necesidad de infraestructuras, dice el informe, que subraya la necesidad de conciliar la política climática con la competitividad y la seguridad energética. La creciente dependencia de las energías renovables ha evidenciado la importancia de garantizar un suministro estable y diversificado, evitando que la volatilidad del mercado afecte la estabilidad económica de los Estados miembros. En este sentido, se plantea la necesidad de mantener una política de neutralidad tecnológica, permitiendo la coexistencia de diferentes fuentes de energía, incluyendo la nuclear y las tecnologías de almacenamiento de carbono, como herramientas viables para reducir las emisiones sin comprometer la seguridad del suministro.
Excesiva regulación
Además, el estudio destaca que la excesiva regulación en los mercados energéticos ha generado distorsiones que afectan la innovación y la inversión. Se advierte sobre los riesgos de imponer límites de precios o regulaciones demasiado estrictas, que pueden desincentivar la competencia y provocar un encarecimiento de la energía a largo plazo. En contraposición, se proponen reformas que fomenten la liberalización del mercado y la reducción de barreras regulatorias para permitir que los operadores puedan adaptarse a las condiciones cambiantes sin restricciones innecesarias.
Otro aspecto relevante es la seguridad energética en el contexto geopolítico actual. Tras la crisis energética de 2022, exacerbada por la dependencia del gas ruso, el informe enfatiza la importancia de diversificar las fuentes de abastecimiento. En este sentido, sugiere que la explotación de nuevos yacimientos en el Mar Negro podría ser una estrategia viable para reducir la dependencia externa y fortalecer la autonomía energética de la UE. Asimismo, la interconexión de las redes eléctricas y la mejora en las infraestructuras de almacenamiento son elementos clave para garantizar la estabilidad del suministro y prevenir futuras crisis.
